Sobre por qué puede aparecer la hiperplasia prostática benigna y cómo tratarla

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HPB (visión general)

La hiperplasia prostática benigna es una formación patológica en la próstata del hombre que no se extiende a otros tejidos u órganos; en otras palabras, es un tumor que no produce metástasis.

Manifestaciones de la hiperplasia prostática benigna

El crecimiento de la próstata se asemeja a la formación de una cápsula en su interior y está relacionado con el aumento del número de glándulas parauretrales. Existen cuatro formas de hiperplasia prostática benigna:

  • Subvesical: crecimiento de la glándula hacia el recto. En este caso, los síntomas dolorosos en la próstata se minimizan y el paciente puede no percibirlos en absoluto.
  • Intravesical: crecimiento de la próstata hacia la cavidad de la vejiga urinaria. Con estos signos, con el tiempo aparece un malestar casi constante en el área de la vejiga debido a la cantidad excesiva de orina residual; si se descuida el tratamiento, pueden surgir complicaciones graves.
  • Forma retrótrigonal: tumor que dificulta el flujo de orina desde la vejiga y comprime la uretra. La sintomatología inicial se manifiesta con retardo involuntario al comenzar la micción y debilidad del chorro; más tarde, sin tratamiento, los síntomas se intensifican. Lo más crítico que puede ocurrir es la retención completa de la orina.
  • Hiperplasia prostática multifocal: la manifestación más dolorosa de la HPB, acompañada de todos los síntomas mencionados anteriormente.

Etiología de la hiperplasia prostática benigna

Las causas exactas de la hiperplasia prostática benigna no están completamente comprobadas, pero se observa una relación de la enfermedad con los siguientes factores:

  • Crecimiento del tejido prostático como consecuencia de una prostatitis crónica prolongada.
  • Presencia de otras enfermedades (problemas cardiovasculares, del sistema genitourinario, diabetes mellitus, especialmente tipo 2, entre otras).
  • Alteración de las funciones de las glándulas endocrinas (desequilibrio hormonal).
  • La HPB en los hombres se ve favorecida por la falta o disminución de actividad física consciente, el exceso de hábitos nocivos (alcohol, tabaco), sobrepeso, alimentación poco saludable, así como la ausencia de conocimientos básicos sobre el autocuidado del organismo. Estos problemas también pueden surgir por hipotermia. La exposición excesiva al sol puede provocar y agravar las manifestaciones de la prostatitis, la prostatitis crónica y la hiperplasia prostática benigna.
  • Edad. Las estadísticas mundiales indican que cuanto más avanzada es la edad, mayor es el riesgo de HPB. En el grupo de hasta 50 años, el problema afecta al 7-8%; en el grupo de 51-60 años, aumenta hasta el 30%; y para los setenta años supera el 75%.

La hiperplasia prostática benigna y el carcinoma, es decir, el cáncer de próstata, son dos enfermedades diferentes. Hasta la fecha, no se ha encontrado relación entre ellas.

Síntomas de HPB en hombres

Las manifestaciones de las enfermedades de la próstata son variadas, pero todas se reducen a que el organismo del paciente no puede vaciar la orina por completo en mayor o menor medida. Entre ellas se incluyen:

  • Urgencias frecuentes e intensas de micción.
  • Dificultad para iniciar la micción, que no puede efectuarse sin una pausa y, tras ella, sin la contracción consciente de los músculos que rodean la próstata y la vejiga para empujar la orina a través del canal prostático estrechado.
  • Urgencias de micción nocturna más de una vez.
  • Flujo interrumpido de la uretra.
  • Chorro de orina fino durante la micción.
  • Molestias dolorosas en la uretra, acompañadas de una sensación de ardor desagradable.
  • Malestar persistente e incómodo en la región de la vejiga y ligeramente más abajo.
  • Pequeña cantidad de orina evacuada.
  • Sensación de vaciado incompleto (siempre queda orina en la vejiga, que no puede vaciarse completamente).

Diagnóstico de la hiperplasia prostática benigna

Descuidar la investigación en este caso no es prudente. Muchos no confían en la efectividad de las numerosas opciones de tratamiento para la hiperplasia prostática benigna, especialmente los pacientes que han recibido tratamiento de prostatitis crónica con resultados insatisfactorios. No es grave equivocarse; lo peligroso es ignorar el problema. Un diagnóstico correcto y lo más preciso posible es absolutamente necesario, ya que existen métodos efectivos y altamente eficientes para combatir la prostatitis y la hiperplasia prostática benigna. Este sitio describe uno de ellos.

¿Qué incluye la evaluación diagnóstica integral?

  • Confiar en un médico experimentado para realizar un examen rectal digital. Esto permite determinar la consistencia del tejido prostático, en parte su tamaño (aumentado o no), dolor al tacto y la presencia de surco entre los lóbulos.
  • La realización de pruebas de laboratorio incluye: análisis general de orina, análisis de sangre para antígeno prostático específico (PSA) y análisis bioquímico general de sangre.
  • Velocidad de vaciado de orina (uroflujometría): indicador relativo que se recomienda medir en diferentes estados del organismo: tras reposo completo, después de comer, dormir y luego tras ciertos tipos de actividad física (como caminata normal o activa, carrera, natación o gimnasia física) si se está acostumbrado a ello.
  • Estudio por ultrasonido: extremadamente importante para comprender el panorama general de la enfermedad. Los resultados objetivos solo se obtienen con la experiencia y el conocimiento adecuados. Sea exigente al elegir el equipo de ultrasonido. Es sensible a cambios ambientales y puede dar resultados distorsionados. El método más preciso es el ultrasonido transrectal (sonda rectal insertada en el recto). No ingiera líquidos en exceso antes del TRUS de la próstata; son suficientes 700-800 g. El exceso provoca espasmo vesical y resultados engañosos. Antes del examen, no permanezca inmóvil por mucho tiempo; es mejor caminar activamente hasta el lugar. El TRUS indicará la presencia o ausencia de cuerpos extraños en la vejiga y la próstata, su volumen (en cm³ o gramos). El rango normal para un órgano sano es de 18-20 cm³, con un peso similar. El diagnóstico proporcionará datos sobre la cantidad de orina residual en la vejiga.
  • La presencia de complicaciones puede determinarse mediante radiología.

Conjunto de manifestaciones (sintomatología clínica)

Se distinguen tres etapas en el desarrollo de la HPB, y cada una, tras la primera, agrava significativamente el estado doloroso del paciente.

  • La primera etapa se denomina fase compensada. En esta, la próstata del hombre está ligeramente aumentada de tamaño. La sintomatología se manifiesta con una breve demora antes del inicio de la micción, y se requiere contraer los músculos de la región inguinal para aliviar la tensión. El estado general impide la relajación e incluso puede generar trastornos psicológicos. Los frecuentes y, a veces, imprevisibles deseos de orinar obligan a planificar los desplazamientos al salir de casa y a considerar otros factores. Los límites de la próstata y sus lóbulos se perciben claramente, y su consistencia es firme. La palpación no provoca dolor. Esta etapa puede durar un año, tres años o incluso más.
  • La segunda etapa se llama fase subcompensada. La uretra comprimida en su parte superior impide el vaciado completo, y el paciente percibe físicamente la orina residual en la vejiga. El esfuerzo frecuente engrosa las paredes vesicales, disminuyendo la funcionalidad de la vejiga. Puede producirse micción involuntaria. La presencia constante de orina residual puede provocar complicaciones como formación de cálculos en los riñones y la vejiga, así como insuficiencia renal.
  • La tercera etapa, descompensada, es extremadamente peligrosa. Debido a la cantidad creciente de orina residual, la vejiga se deforma significativamente y la micción ocurre prácticamente por gotas, lo que conduce a un deterioro irreversible de la función renal. El estado del paciente puede acompañarse de olor desagradable de la orina, estreñimiento, pérdida de apetito y, en consecuencia, pérdida de peso, dando lugar a un conjunto completo de problemas de salud.

Tratamiento de la prostatitis y de la hiperplasia prostática benigna

Tratamiento de la prostatitis crónica

La relación entre la prostatitis crónica y la HPB es evidente; a menudo, la hiperplasia prostática benigna es consecuencia de un tratamiento ineficaz de la prostatitis crónica prolongada. Por ello, se describen aquí las opciones terapéuticas. La enfermedad se identifica y clasifica en cuatro formas:

  • Prostatitis bacteriana crónica;
  • Prostatitis crónica asintomática;
  • Prostatitis crónica en forma de síndrome de dolor pélvico;
  • Prostatitis granulomatosa de forma similar.

El tratamiento de estos diagnósticos representa un desafío complejo para los urólogos. El enfoque terapéutico incluye medicamentos antibacterianos que se administran durante uno a mes y medio. El síndrome de dolor se controla mediante supositorios o tabletas. En caso de dificultades para orinar, se recomiendan medicamentos del grupo de bloqueadores alfa-1 adrenérgicos (Doxazosina, Tamsulosina, Omnic, entre otros). Sin embargo, este tipo de terapia, por lo general, no proporciona resultados definitivos; desafortunadamente, los antibióticos no siempre logran su efecto completo y la enfermedad puede progresar nuevamente con el tiempo. Para obtener un resultado duradero, es necesario fortalecer el sistema inmunológico mediante un estilo de vida saludable. Esto requiere esfuerzo y paciencia, pero los beneficios valen la pena. Incluye ejercicio regular pero no excesivo (ejercicios específicos, correr, nadar, caminar), una dieta equilibrada y la eliminación completa de hábitos nocivos.

Tratamiento de la hiperplasia prostática benigna

No es grave equivocarse si se tiene disposición para analizar y corregir errores. Lo extremadamente negativo es vivir en el error durante años. A menudo, tras el diagnóstico inicial, durante la consulta con un urólogo, especialmente si los síntomas son leves, el paciente recibe la recomendación de adoptar una actitud de observación y no tratar la HPB. Esto es incorrecto. La razón de tales recomendaciones se puede intuir: primero, en etapas iniciales, la hiperplasia puede no progresar durante años; segundo, los medicamentos no siempre producen un efecto significativo. Es necesario no solo controlar regularmente el estado de la próstata, sino también tratarla.

Terapia farmacológica en la hiperplasia prostática benigna

Ante un diagnóstico de HPB, se prescriben principalmente dos tipos de medicamentos:

  • Bloqueadores alfa-1 adrenérgicos;
  • Inhibidores de la 5-alfa reductasa;

El principio activo de los bloqueadores alfa-1 adrenérgicos actúa sobre los receptores alfa-1 situados en el cuello de la vejiga, la uretra y el estroma prostático. Su función principal es aliviar el espasmo de la musculatura lisa, mejorando así la función vesical y reduciendo los síntomas de resistencia uretral. Por su parte, los inhibidores de la 5-alfa reductasa bloquean la conversión de testosterona en dihidrotestosterona, lo que implica una reducción del volumen del tejido prostático. El efecto se observa entre seis meses y un año, aunque existe la posibilidad de que no se manifieste. Entre los efectos secundarios se incluyen depresión y cambios en la voz, volviéndose más aguda.

Método alternativo (no quirúrgico) de tratamiento

Existe un método probado desde hace tiempo para el tratamiento de la prostatitis crónica y de la hiperplasia prostática benigna, detallado en este sitio especializado. La esencia de este conocimiento radica en comprender correctamente los procesos fisiológicos que ocurren en el organismo masculino y aplicarlos con igual precisión. Este tratamiento es seguro, indoloro, altamente eficaz y conduce a un estado de salud estable y duradero. La base de todo es la gimnasia terapéutica. Nadie puede negar que los beneficios que se obtienen pueden variar, o incluso que no se obtenga ninguno. La aplicación rigurosa de las recomendaciones metodológicas mejora significativamente las defensas del organismo, la circulación sanguínea, estabiliza la función cardíaca y la de las glándulas endocrinas. Los ejercicios de relajación potencian aún más estos efectos. Los órganos del cuerpo humano están interconectados, y su restauración a un estado normal constituye la verdadera salud. La práctica de esta gimnasia está contraindicada únicamente en caso de litiasis urinaria.

La adhesión a un régimen dietético adecuado y la selección cuidadosa de alimentos también son muy importantes. Un desayuno abundante y una cena temprana, evitar comer en exceso, controlar el peso corporal: todo ello debe considerarse esencial. Se recomienda reducir al máximo el consumo de grasas animales y aumentar la ingesta de alimentos ricos en ácidos grasos poliinsaturados omega-3 y licopeno. Seleccione cuidadosamente las verduras, compre las de mejor calidad y consúmalas a diario en mayor cantidad. Minimice el consumo de todo tipo de carne roja. En conjunto, todas estas medidas descritas en las indicaciones metodológicas conducirán, con el tiempo, a la recuperación de un estado de salud estable.

Intervención quirúrgica

La cirugía se requiere cuando no es posible modificar nada durante la evolución de la enfermedad, es decir, cuando el estado se acerca a lo crítico (por ejemplo, en casos de retención aguda de orina). La adenomectomía transvesical consiste en la extirpación del tejido prostático y se realiza en las etapas más avanzadas de la enfermedad. Este procedimiento implica el acceso a la próstata a través de una incisión en la pared de la vejiga. La operación es altamente invasiva y requiere un largo período de recuperación, así como supervisión y cuidados del paciente. Se afirma que este tipo de intervención puede curar completamente la HPB, pero no se menciona que puede generar numerosos efectos secundarios, a veces imprevistos.

Hoy en día, las operaciones mínimamente invasivas representan el estándar óptimo, ya que son menos traumáticas. No requieren incisiones y consisten en la enucleación parcial del tejido prostático mediante equipos especializados, como el láser de holmio de potencia determinada. En los últimos años, se realiza cada vez más la embolización de la irrigación sanguínea de la próstata, que consiste en bloquear las arterias que suministran sangre al órgano. La necrosis parcial del órgano vivo por falta de suministro sanguíneo no puede considerarse un tratamiento verdadero.

En cualquier caso, la intervención quirúrgica debe considerarse únicamente cuando otras opciones terapéuticas ya no son posibles; no es una panacea ni garantiza el mejor resultado.

Las complicaciones tras cualquier tipo de cirugía incluyen:

  • Incontinencia urinaria;
  • Disfunción sexual (impotencia);
  • Eyaculación retrógrada, en la que el semen se desplaza hacia la vejiga;
  • Desequilibrio hormonal impredecible.

Las estadísticas muestran un bajo porcentaje de mortalidad.

Prevención de la prostatitis crónica y de la hiperplasia prostática benigna

Es importante conocer estas enfermedades desde la juventud. Aunque existe un factor hereditario, la prudencia en los hábitos y un estilo de vida saludable —actividad física, evitar daños al propio organismo, vivir con un mínimo de estrés— contribuyen significativamente a prevenir estos diagnósticos.

Para evitar la retención aguda de orina en la HPB se recomienda:

  • Evitar tanto la hipotermia como el calor excesivo (exposición directa a los rayos solares);
  • Abstenerse de consumir alcohol;
  • No comer en exceso, especialmente por la tarde;
  • Evitar el llenado excesivo de la vejiga;
  • Evitar el estreñimiento.

Con respeto, el autor del sitio, Gennadiy Plotyan.

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