Psicología de la recuperación en el tratamiento de las enfermedades de la próstata (penurias y logros)
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Hiperplasia prostática benigna: un camino personal hacia la liberación de la enfermedad
Desde mi infancia me enseñaron una regla: solo el médico puede curar. Es fácil pensar así, especialmente cuando se goza de buena salud y no hay necesidad de acudir al hospital. Pero al llegar a la edad adulta, el cuerpo empieza a fallar, y entonces acudir a la clínica se vuelve inevitable.
Diagnóstico y asistencia médica
El diagnóstico es un invento brillante de la humanidad. Detectar la enfermedad en una etapa temprana facilita enormemente su tratamiento. Estoy profundamente agradecido a quienes se han dedicado a esta rama de la medicina. Su trabajo, a veces desinteresado, prolonga la vida de millones de personas.
- ¡Hola, doctor! Traigo los resultados de mis análisis, por favor revíselos.
- Mm… Sí, presenta síntomas claros de hiperplasia prostática benigna y el tratamiento es inevitable. Es pronto, pero hoy en día no es raro. Aquí tiene la receta; tome los medicamentos siguiendo todas las indicaciones al pie de la letra. Dentro de tres o cuatro semanas lo espero en consulta…
- ¡Buen día! He vuelto. Tras tomar los medicamentos, no noto mejoras significativas.
- ¿Sí? Todo puede pasar. Entonces, probemos otra formulación…
Tras un tiempo similar, las consultas continuaron:
- Todo sigue igual. Dígame sinceramente, ¿existen en algún lugar métodos modernos para tratar la hiperplasia prostática benigna?
- Eso sería en vano. No está al tanto de los cambios que ocurren a nivel celular. Haga los análisis de nuevo.
- Perdone, pero esto vuelve a ser un gasto considerable. No dispongo de dinero extra.
- Bueno, ¿qué espera? La medicina no siempre es poderosa. La pregunta “¿se puede curar la próstata?” sigue sin una respuesta clara por parte de los médicos oficiales.
Este diálogo banal refleja la experiencia de muchos hombres que padecen hiperplasia prostática benigna. Algunos, tras el primer intento fallido, nunca vuelven a acudir al médico.
Publicidad engañosa e irresponsabilidad farmacéutica
En muchos países, los medicamentos para tratar la enfermedad se venden sin consecuencias. Las grandes compañías los producen, los promueven y los venden como negocio. El médico, basándose en el surtido de la farmacia y la publicidad, prescribe lo que hay disponible. Así, la cadena se cierra sobre el paciente.
En una sociedad con leyes y constituciones, esto resulta absurdo: los fabricantes venden medicamentos sin responsabilizarse del resultado, y la sociedad se vuelve pasiva ante esta irresponsabilidad. El paciente compra, se trata inútilmente y acepta los efectos secundarios como inevitables. Los fabricantes disfrutan enormes ganancias.
Estafadores y videntes: una pérdida de tiempo
En este panorama surgen estafadores y pseudo-médicos que intimidan al paciente. Prometen curar la hiperplasia prostática benigna y la prostatitis crónica casi de inmediato, usando televisión, internet, prensa y contacto personal. Cobran dinero urgente y exageran la gravedad de la enfermedad, creando pánico y falsas esperanzas. Algunos recurren a videntes o curanderos lejanos, compran aparatos publicitados o prueban métodos populares. Como dice el dicho: la falta de resultados también es un resultado.
Búsqueda alternada de tratamientos sin éxito
Se busca al médico más experimentado, se prueban distintos métodos: medicina tradicional, auto-medicación, remedios populares. Algunos medicamentos alivian temporalmente la incomodidad, pero sus efectos secundarios preocupan. Todos los intentos terminan en fracaso. El baño se convierte en un lugar desagradable y se contempla la cirugía, con riesgos de infertilidad, impotencia o incluso muerte. La opción de un estilo de vida saludable existe, pero sin conocimientos correctos, es difícil aplicarla.
¡Alto! Es necesario enfrentarse a la verdad. La pereza empuja a buscar soluciones fáciles: tomar una pastilla y estar sano. Con este diagnóstico, eso no funciona. La pereza puede tener consecuencias irreversibles. Solo la experiencia de vida, la observación de uno mismo y la escucha del cuerpo permiten aprender a vivir mejor.
Es fundamental superar la depresión, dejar de culpar a los médicos y al mundo, y calmarse. El estrés alimenta las enfermedades. Al final, uno es responsable de su propia salud.
Superación personal
Al iniciar la lucha contra la enfermedad, una balanza pesaba mi pereza e ignorancia, y la otra el miedo a complicaciones y la desesperanza. No estaba a mi favor.
La mente se llenó de preguntas: ¿cómo vencer la enfermedad? ¿Por qué los medicamentos no ayudaron? ¿Por qué empeora tras un día sedentario? Se necesitaban ejercicios especiales para movilizar la zona pélvica. ¿Cuáles? ¿Por qué solo la actividad moderada combinada con relajación funcionaba? ¿Cómo cambiar el estilo de vida?
Etapas de la recuperación
Primeras semanas: empeoramiento y trabajo sobre uno mismo
Las primeras dos semanas de ejercicios provocaron un empeoramiento. Probablemente cometía errores. Era necesario trabajar sobre mí mismo y reflexionar.
Segundo mes: débil optimismo y conocimientos
Al miedo se unió un débil optimismo y algo de conocimiento. No empeoraba. Ayer me sentí bien, hoy decepcionado. Era necesario luchar contra la depresión nuevamente.
Tercer mes: nueva alimentación y hábitos
Al principio no quería cambiar mi dieta. Intenté evitarlo durante mucho tiempo, pero los recuerdos del dolor asociado a la hiperplasia prostática eran inevitables. Tras poco tiempo, descubrí que los cambios eran indoloros. Después de la cena, el sofá o el televisor llamaban, pero había que ejercitarse. Los resultados aparecieron: los signos de la enfermedad desaparecieron. La vida no era tan gris. El horizonte de la vejez se ampliaba, solo hacía falta el deseo.
Cuarto mes: ¡victorias significativas!
Un urólogo me dijo que ir al baño una vez por la noche era normal a mi edad. Logré ese resultado. La enfermedad se volvió débil ante mí. Mis conocimientos, experiencia y cuerpo entrenado la derrotaron. Nada me detendrá. El objeto más valioso fue la vaporera, que encantó a toda la familia. Sin ella, con esfuerzo, también podría haberse prescindido.
Quinto mes: progreso y alegría de vivir
El cuerpo obedece a la mente. No hay signos de hiperplasia prostática benigna. No me levanto por la noche para ir al baño; la última vez fue hace casi cuatro años. La remisión llegó gracias a un estilo de vida saludable. Es una felicidad no sentir la vejiga. Uno mismo crea su milagro y puede disfrutarlo plenamente. Han pasado casi seis meses, y siento la plenitud de la salud. Las reglas actuales de mi vida no me molestan en absoluto.
Un poco de filosofía
Anochece, llueve afuera. La televisión funciona en silencio. Durante la publicidad se difunden mentiras casi sin interrupción. Luego viene un programa de debate popular, donde las mismas personas discuten cómo mejorar la vida sin esfuerzo y dónde buscar justicia que no existe. Interpretan roles de defensores del orden, pero al final todo es espectáculo. Coexistimos en tiempos en que, si de repente quedara sordo, no me arrepentiría; sería más sano. Todo ya ha sido dicho y escuchado. Cada vez se conoce menos lo bueno, y surgen más problemas y negatividad. A mí, sin embargo, este tipo de comprensión del mundo ya no me interesa. ¿Dónde está mi chaqueta ligera favorita? Voy a dar un paseo. Ahora disfruto de cualquier clima.
Con respeto, el autor del sitio web, Plotyan Gennadiy.

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