Dieta en la hiperplasia prostática benigna: productos de harina, repostería y otros dulces

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Consumo de carbohidratos en la hiperplasia prostática benigna

Pregunta

¿Puede el exceso de carbohidratos influir en el desarrollo de la hiperplasia prostática benigna? Ante este diagnóstico, ¿es necesario regular el consumo de una de las principales fuentes de carbohidratos, como el pan u otros productos elaborados con harina? ¿Qué dulces se pueden consumir y cuáles deben evitarse por completo? Es fundamental considerar estrategias nutricionales para la salud de la próstata y el impacto de los carbohidratos en la función endocrina masculina.

Respuesta

Dieta de carbohidratos en la hiperplasia prostática benigna

Los carbohidratos constituyen una de las fuentes clave de energía para el funcionamiento pleno del organismo humano, pero, al igual que otros nutrientes, tienen sus particularidades. El exceso de azúcar en la sangre que se produce tras la digestión de alimentos ricos en carbohidratos sobrecarga el sistema endocrino y con frecuencia genera desequilibrios posteriores, tanto metabólicos como hormonales. La hiperplasia prostática benigna surge precisamente sobre la base de estos desequilibrios: la próstata interpreta este exceso como un estímulo que favorece el crecimiento tisular.

Un aspecto esencial en el tratamiento de la hiperplasia prostática benigna es la reducción considerable del consumo de grasas de origen animal y de las proteínas asociadas. La falta de energía resultante debe compensarse mediante otras fuentes de nutrientes. Sin embargo, a menudo las personas, sin profundizar en el tema, intentan resolverlo aumentando sin control la cantidad de carbohidratos. Esto constituye un error grave. Consumo excesivo de carbohidratos en hombres con hiperplasia prostática benigna puede aumentar la resistencia a la insulina, alterar el equilibrio hormonal y favorecer la progresión de la enfermedad. Sustituir grasas animales por carbohidratos refinados en la dieta de la hiperplasia prostática benigna puede tener efectos adversos en la salud de la próstata.

Sobre el índice glucémico

¿Cómo orientarse al elegir una dieta adecuada? Actualmente, una de las herramientas más efectivas para regular el consumo de carbohidratos es conocer el índice glucémico, un valor que indica cómo un alimento influye en el nivel de azúcar en la sangre tras ingerirlo. Este dato rara vez aparece en los envases, pero puede encontrarse fácilmente en internet (busque: “índice glucémico de los alimentos”). La información más confiable se presenta con frecuencia en tablas comparativas.

No incluí aquí dichas tablas porque los valores para algunos alimentos difieren considerablemente según la fuente. Esto no es casual: distintas variedades de frutas, como uvas o manzanas (más dulces o más ácidas), modifican de manera distinta los niveles de azúcar; además, cada hogar emplea ingredientes y métodos propios para preparar conservas. Lo mismo ocurre con productos tan comunes como el pan blanco: su preparación varía según la región, con diferentes recetas, calidad de harina y proporciones de ingredientes. Sin embargo, no hay alternativa mejor que utilizar los datos disponibles; es preferible a ignorarlos por completo.

El principio básico es sencillo: cuanto más alto sea el índice glucémico de un alimento, mayor será su impacto sobre el nivel de azúcar en la sangre. En la edad adulta y avanzada, estos alimentos deben consumirse con moderación o evitarse. Se considera que los alimentos con valores de 65–70 o superiores tienen índice glucémico alto; los que presentan valores de 40 o inferiores son de índice bajo; y los situados entre 40 y 65 son de índice medio.

¿Cómo aplicar esta información en la práctica? Existen varias dietas equilibradas, algunas recomendadas por ciertos especialistas y cuestionadas por otros. La mayoría de estas recomendaciones están orientadas al control de la diabetes y del sobrepeso. Aquí tratamos la hiperplasia prostática benigna, por lo que las recomendaciones se centran específicamente en consejos nutricionales para la salud de la próstata.

El daño por exceso de azúcar, al igual que sus beneficios, se manifiesta de manera sistémica. Es importante comprender que el exceso de azúcar no solo sobrecarga las glándulas endocrinas: las variaciones frecuentes deterioran los vasos sanguíneos, los hacen frágiles y generan consecuencias negativas. La rigidez y fragilidad de los vasos reduce la calidad de la circulación sanguínea; si la perfusión en la región pélvica masculina disminuye, se crean condiciones favorables para la hiperplasia prostática benigna. El control de glucemia y azúcar en la hiperplasia prostática es esencial para prevenir inflamación y crecimiento prostático.

No mencionaré productos claramente dañinos, como refrescos azucarados, almidón modificado o patatas fritas, ya que están estrictamente prohibidos tanto en la hiperplasia prostática benigna como en la prostatitis crónica. Su efecto perjudicial es global y el organismo no los necesita. Es útil memorizar los alimentos comunes de índice glucémico alto: distintos tipos de pan blanco, bollería, arroz glutinoso cocido, azúcar, miel, sémola, la mayoría de los platos con patata y una amplia gama de frutas en conserva. Reduzca su consumo con sensatez. Algunos alimentos pueden sustituirse sin dificultad: reemplazar pan blanco por integral o de centeno, con índice glucémico medio, es seguro. El pan sin levadura también es altamente recomendado y forma parte de mi dieta habitual.

En lugar de patatas fritas (índice 95) o puré de patatas (índice 85), puede preparar patatas cocidas con piel, cuyo índice es mucho menor (65). Consultando las tablas, se evidencia que la cerveza es perjudicial, no solo por ser bebida alcohólica ligera y carbonatada, sino también por su índice glucémico extremadamente alto (110).

En la mayoría de los casos, los cambios positivos se perciben rápidamente. Todo se hace más claro si utiliza instrumentos médicos comunes para el autocontrol: tensiómetro, termómetro (para observar la variación de la temperatura corporal después de ingerir determinados alimentos), y, si dispone de un glucómetro, aún mejor. No tema los resultados: los análisis sirven para evaluar cómo está tratando la hiperplasia prostática benigna o la prostatitis crónica y para aplicar correcciones fundamentadas.

Después de los ajustes recomendados, preste atención a indicadores personales como la calidad del sueño, capacidad de trabajo, nivel de irritabilidad y apetito.

Analice su dieta

En mi práctica he visto más de un caso en el que incluso una sola recomendación relacionada con la alimentación desempeñó un papel decisivo en la mejora del proceso de recuperación. En una ocasión asesoré a un paciente con diagnóstico de hiperplasia prostática benigna en fase inicial. Aplicaba con gran dedicación mi método “Sin hiperplasia prostática benigna”, además de ser una persona comunicativa y curiosa, interesada en comprender cada detalle del proceso de recuperación, y mostraba una admirable disciplina al poner en práctica los consejos recibidos.

Además de la hiperplasia prostática benigna, se le había diagnosticado hipertensión arterial de primer grado, que llevaba más de dos años de evolución. El proceso terapéutico avanzaba correctamente, aparecieron las primeras mejoras y el paciente dejó por completo los medicamentos para reducir la presión arterial. Tampoco utilizó desde el inicio los fármacos para la hiperplasia prostática benigna, como los inhibidores de la 5-alfa-reductasa o los bloqueadores alfaadrenérgicos.

Su actitud hacia el tratamiento era responsable y constante. Sin embargo, surgió un problema: empezó a notar que, por la mañana al despertarse y, en ocasiones, por la noche, su presión arterial superaba los valores normales (145/90 milímetros de mercurio). Mantener una presión arterial normal es una condición esencial para la recuperación; sin ello, avanzar es imposible.

Comenzamos a analizar la situación. La actividad física se mantenía dentro de límites razonables, se realizaba correctamente y, tras el ejercicio, la presión regresaba a la normalidad durante un largo periodo. En aquel momento no había habido sobrecarga mental.

Llegamos entonces a revisar la dieta. A primera vista, todas las restricciones se cumplían. Para resolver el problema, necesité tomar una pausa. Algunos días después le pregunté cuánta cantidad de pan y otros productos a base de harina consumía al día. Resultó ser excesiva. Le recomendé eliminarlos temporalmente. Al cabo de dos días, la presión arterial se estabilizó por completo. Solo quedaba regular la cantidad de carbohidratos de ese tipo dentro de límites seguros. La evolución posterior mejoró considerablemente.

Carbohidratos y remedios naturales para mejorar la potencia

Existe abundante información, a menudo contradictoria, en internet sobre los afrodisíacos, es decir, sustancias que aumentan la potencia sexual y que se encuentran, en sus variantes más inocuas, principalmente en determinados alimentos. Sin embargo, casi nadie menciona que, al consumir estos estimulantes, resulta fundamental no combinarlos con productos que actúan como antagonistas y reducen el deseo sexual (anafrodisíacos).

Es posible consumir nueces (nueces comunes, piñones, almendras, avellanas, nueces de Brasil y otras), perejil y cebolla, camarones y ostras, así como especias como canela, jengibre o azafrán. No obstante, si se combinan con pan blanco (índice glucémico que en diferentes fuentes oscila a partir de 75) o con patatas horneadas (índice glucémico 95), lo más probable es que el efecto deseado no se manifieste. Pocas veces se menciona que el aumento constante de azúcar en la sangre es una de las causas principales de la disminución de la potencia. De todo lo anterior se deduce que los afrodisíacos, especialmente los de origen vegetal, no perjudican en la hiperplasia prostática benigna ni en la prostatitis, sino que resultan beneficiosos.

Qué se puede y qué no se puede

¿Qué dulces se pueden mantener en la dieta en caso de hiperplasia prostática benigna y cuáles deben evitarse?

Leí en cierta ocasión que hace algunos siglos el consumo anual de azúcar, base de muchos platos dulces, rondaba los dos kilogramos por persona al año. No sé hasta qué punto este dato es exacto, pero las estadísticas actuales indican que esa cantidad es veinte veces mayor. Sin embargo, también se afirma que el organismo humano no necesita realmente el azúcar. Por ello, conviene ser moderado y selectivo.

Son muy beneficiosas las frutas y bayas frescas, como el albaricoque, la mandarina, la cereza, la pera, la granada, el pomelo y el arándano. Pero también existen frutas con un índice glucémico notablemente alto, como los dátiles y la calabaza. El melón y la sandía tampoco son la mejor elección. Cada producto vegetal es estacional por naturaleza, pero hoy en día es posible evitar la escasez gracias a las conservas caseras. En mi familia congelamos varias frutas y bayas para almacenarlas durante periodos prolongados, y recientemente comencé a utilizar un deshidratador para frutas, bayas y verduras. Los resultados son excelentes.

Recomiendo evitar los dulces industriales, especialmente si se consumen junto con repostería comercial (bizcochos, pasteles de masa quebrada, masas choux o hojaldre). Tampoco aconsejo comer con frecuencia platos muy elaborados y con numerosos ingredientes; en todo caso, conviene conocer su receta antes de consumirlos.

En cuanto a los dulces preparados en casa, sigo una regla sencilla: no los consumo siempre y, cuando lo hago, reduzco a la mitad la porción que solía comer antes, masticando lentamente. Así se logra una sensación de saciedad más rápida.

También recomiendo abstenerse de chocolates y golosinas como caramelos, toffee, chocolates, bombones, piruletas o frutas confitadas, no solo por su elevado índice glucémico. En los últimos tiempos, la calidad de estos productos, especialmente los fabricados a gran escala, resulta cada vez más dudosa.

Si surge un deseo muy fuerte, se puede consumir una pequeña cantidad, sobre todo cuando la próstata se encuentra en buen estado, sin signos de hiperplasia prostática benigna. Aun así, recomiendo elegir dulces destinados exclusivamente a niños pequeños, pues su fabricación suele ajustar los estándares de calidad, reduciendo al mínimo el riesgo de ingerir sustancias nocivas.

¿Es posible consumir café? Lo mejor es excluirlo, y con mayor razón si se añade azúcar.

La conclusión es directa: el conocimiento adquirido nunca ha perjudicado a nadie. Familiarizarse con esta información no requiere mucho tiempo y contribuye a comprender mejor los fundamentos de una salud prostática plena.

Con respeto, Gennadiy Plotyan, autor de contenido sobre síntomas, diagnóstico y tratamiento de la hiperplasia prostática benigna.

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